
¿Qué pasaría si dejáramos de normalizar la violencia?
«El pecado original de Takopi» nos presenta la mirada de un extraterrestre del planeta Happy sobre las situaciones que debe (¿debe?) vivir Shizuka, su nueva amiga humana, así como también sus conocidos y agresores.
Takopi llega a la vida de Shizuka, una niña que sufre la violencia de su familia, sus compañeras y de las instituciones. El extraterrestre se propone hacer feliz a su amiga, pero desconoce los métodos y desconoce las razones de su infelicidad. Un día comete un error y debe volver el tiempo atrás para solucionarlo. ¿Hasta qué punto es posible?. Decide descubrir la causa de la desazón de Shizuka, tomando malas decisiones en el camino.
-«Llévalo, a mí me resultó extraño»- Dijo el vendedor detrás del mostrador. ¿Por qué resulta extraña la historia? Por el punto de vista. Una vez más nos muestran una historia de abandonos y agresiones, pero esta vez la mirada de Takopi viene a desautomatizar nuestra propia visión.
¿Por qué Takopi no entiende las lágrimas de Shizuka?
El extraterrestre no puede comprender porque es ajeno a los mandatos de la sociedad:
pero sobre todo porque no comparte el marco simbólico que convierte el dolor en algo comprensible.
En el mundo de Takopi no existen la violencia estructural, el abuso ni las jerarquías sociales que naturalizan el sufrimiento. Por eso, cuando Shizuka llora, él no puede interpretar esas lágrimas como resultado de un sistema de opresión, sino como un problema puntual que debe resolverse.
Esta incapacidad lo lleva a un error fundamental: cree que la felicidad es un estado que puede imponerse desde afuera, mediante soluciones rápidas o “objetos felices”, sin comprender la complejidad emocional y social que atraviesa a Shizuka.
Ahí es donde la obra se vuelve incómoda:
la mirada inocente de Takopi no es solo ingenua, sino también peligrosa.
Porque al no entender el dolor, tampoco puede respetarlo.
El manga presenta los peligros de querer «arreglar» el dolor sin comprenderlo.